A las cinco de la tarde, los viernes, tengo un curso de tenis en una pista que esta un poco lejos de mi casa. Al principio, mi mama finlandesa me dijo que ella me llevaría, pero que tendría que volver por mi cuenta. Me enseñó la parada de autobús, y la hora a la que salía el autobús del centro. No obstante, al salir de allí, empecé a andar. En mi ruta, vi una colina y dije: "Pues voy a atravesarla"y lo hice. Subí por la colina, atravesé el pequeño bosque que había en la cima, bajé, vi unas casas y dije: "Pues estoy perdido".Empecé a reírme porque pensé que esta anécdota se la iba a contar a mis nietos cuando fuese abuelo. Pensé qué podía hacer y decidí preguntar a alguien que viviese cerca. Encontré a una pareja que estaba fuera tomando el sol(lo poquito que da aqui), y les pregunté si había alguna parada de autobús cerca. Bueno, pues la única que hablaba ingés era la chica. Ella me llevó andando hacia una parada de autobús. Desgraciadamente, me guió a una parada a la que solo llegaban el cuatro, el dieciseis, y el diecisiete; y yo tenía que coger el veintiuno. Decidimos que era mejor esperar a que llegase algún autobús para preguntarle al conductor. El primero que llegó fue el cuatro. La chica le preguntó, el autobús se fue, y ella me indicó el camino: "Tienes que ir recto, girar a la derecha, girar a la derecha, y cuando veas un cruce muy grande, a la izquierda hay una parada de autobús, a la que a lo mejor llega el veintiuno, porque solo pasa por ahí algunos días". Lo primero que pensé fue: ¿Porqué no se me habría ocurrido coger un papel a tiempo? Fui hacia donde me habían dicho, pero me los encontré por el camino en coche diciendo que me llevaban ellos. Cuando llegué, me encontré a mis padres quitando el musgo del tejado, y riéndose a carcajadas. Imagináos la sorpresa de ver un coche desconocido del que sale Pablo, el estudiante de intercambio. Después de eso, me fui a una fiesta de chicas con Elina, en la que conté leyendas del diablo, y estuvieron aprendiendo como se dicen unas cuantas palabrotas en español. Es curioso, porque cuando mi hermanita y yo volvimos a casa, nos encontramos una luz encendida, pero no le dimos importancia hasta que vimos la puerta del jardín abierta. Entonces llamamos al padre de nuestra vecina, para que estuviese con nosotros. Imagináos que susto, cuando vimos subir a mi mami finlandesa por las escaleras con la cesta de la ropa. Al día siguiente, cuando les estaba contando a mis padres de España la aventura, mi madre finlandesa dijo: "PABLO I WASN'T CHORIZO".
Moro
Pablo
No hay comentarios:
Publicar un comentario